CONSTRUCCION EN SECO E INDUSTRIALIZACION  (continuación..)

 

 
 
 
En nuestro país, la construcción tradicional de viviendas individuales se basó en el mampuesto de ladrillos de barro cocido. En la conformación intrínseca de los mismos, participan diversos componentes inestables, incluso sustancias provenientes de la contaminación superficial, elementos estos que se incorporan e integran a los muros consolidados y que por ser químicamente impuros e inestables, comienzan procesos de intercambios moleculares y degradaciones, que posteriormente derivarán en humedades de cimientos, afloramiento de salitre, fisuras, desprendimientos, deformaciones, etc.
 
El material constitutivo de esta nueva generación de viviendas, se obtiene de la transformación  físico – química  resultante en el proceso de elaboración del mineral original, obtenido de los socavones de las canteras. El nuevo material, física y químicamente invariable, en su estado final,  integrado en la nueva vivienda, le otorga a estas, las características de inalterabilidad  y calidad que las destacan: aislamiento térmico, hidráulico y acústico, alta resistencia, incombustibilidad, velocidad y eficiencia en la construcción.
 
Por todo lo dicho vemos como el material que se procesa e industrializa para la vivienda social, tiene un contenido universal, determinado por la orientación humanista y fundamento ecológico, siendo esta alta cualificación, su aporte de calidad para el hábitat humano.
 
Desde el punto de vista sanitario, en cuanto a las características que favorecen la limpieza y asepsia de los ambientes, convierten al material en especialmente apto para la construcción hospitalaria, sanitaria, geriátricos y toda otra construcción destinada a proveer una alta cualificación medioambiental para usos específicos.

Esta misma característica lo hace especialmente apropiado para la construcción de viviendas en zonas endémicas, epidemiológicas, y/o de crítica situación sanitaria como los asentamientos irregulares, villas de emergencia, asentamientos indígenas, etc.

 
Esta ventaja comparativa es la que posibilita al nuevo hábitat una autorregulación de temperatura en cualquier latitud y época del año, motivo por el cual califican altamente para satisfacer las necesidades habitacionales con un excelente resultado ante las más variadas y exigentes condiciones climáticas y ambientales (calor, frío, humedad, salitre, sequedad y todas sus combinaciones posibles). Estas características lo colocan en una situación muy deseable incluso para la exportación.
 
Vemos así como el nuevo material se comporta en relación al ser humano favoreciendo su adaptación y convivencia con el medio natural, sea cual fuere la condición que este presente. De esta manera la vivienda ya funciona en prevención de los cambios climáticos que se están produciendo en el planeta, a los que indefectiblemente  nos encontramos vinculados.
 
La condición de hidrófugo (aislación de la humedad) y su consecuencia inmediata de comportamiento “antisalitre”, son virtudes fundamentales para otorgarle al nuevo hábitat características ecológicas y de salubridad superiores, como decíamos, conocido es el problema de la absorción de humedad edáfica y el posterior afloramiento de salitre en las construcciones convencionales de mampuestos por sistema húmedo.
 
En nuestro caso la inalterabilidad física y química lograda en el proceso de elaboración del material amplía la cualificación social de estas viviendas, ya que no requieren mantenimiento, conservando la integridad en el tiempo.